Háblame que te escucho
Pareciera
que escuchar es algo tan simple y fácil, algo que se hace usando sólo el
sentido del oído o capacidad auditiva, a través del órgano humano llamado
comúnmente “oído”, con toda su estructura de la cual sólo vemos la parte externa
llamada “oreja”. Pareciera que es más fácil escuchar que no escuchar ya que el
oído esta siempre en funcionamiento y no disponemos de algún tipo de membrana
-a manera de tapa- como en el caso de los ojos, para suspender momentáneamente
la escucha. Hasta aquí sólo hemos hecho algunas descripciones desde la
perspectiva fisiológica del oído, de la cual sale la expresión popular que dice
que para escuchar hay que poner la oreja. ¿Será eso cierto?
Para
escuchar no sólo hay que poner la oreja. Describir solamente las implicaciones
neuronales que tiene la función de la escucha podría tomar todo un libro. Aquí
me estoy refiriendo a la escucha como una capacidad que va más allá del uso del
oído, donde para escuchar es necesario poner no solo la oreja, sino mucho mas
de nuestra capacidad humana. Permítanme construir el siguiente escenario
ficticio. Les ha pasado alguna vez, haber entrado a la oficina de su jefe para
hablar sobre algún tema importante o urgente, y luego del preámbulo e
introducción al tema, por supuesto acompañado de la pregunta correcta y educada
“¿Me puedes dar unos minutos?” o “¿Podemos hablar sobre un tema importante?”,
inmediatamente después de oír a su jefe decir “Si, adelante, te escucho” o
alguna frase similar, ustedes comienzan a hablar. Luego, en algún momento de su
relato, ustedes toman conciencia no sólo de sus propias palabras, sino también
de todo el entorno, de la actitud y lenguaje corporal de su jefe, y por ejemplo
descubren a su jefe que mientras ustedes hablan el esta revisando sus correos-e
en su computador, y casi como en automático y sincronizado su jefe les
interrumpe diciéndoles algo así: “Háblame que te escucho”, o “Estoy revisando
mis correos-e pero dale nomás que te estoy escuchando”. <No estoy aquí para
enseñarles lo que ustedes ya saben, sino simplemente para provocar la reflexión
profunda y poderosa>. Les pregunto: ¿Cómo se sintieron? Me atrevería a decir
que todos los que vivieron una situación similar, ahora mismo, en milisegundos
se han activado procesos neuronales, conexiones sinápticas, sustancias
neuro-químicas, y acceso instantáneo a su catalogo de recuerdos, trayéndoles en
segundos no sólo rostros y nombres a sus
mentes, sino también estados de animo y otras reacciones en otras artes del
cuerpo. ¿Se sintieron bien? ¿Les ha ocurrido varias veces? ¿Les esta pasando
esto con sus actuales jefes? ¿Ocasional o frecuentemente?
Así
como tienen un jefe, es probable que ustedes también sean jefes de otras
personas. ¿Se han auto-descubierto actuando de esa manera? ¿Haciendo con su
gente lo mismo que sus jefes hicieron o hacen con ustedes? hago la misma
pregunta: ¿Se sienten bien? ¿Será acaso ese modo de actuación parte del estilo
o cultura organizacional de su institución? Claro, es fácil adivinar lo que los
defensores de esta práctica podrían decir al respecto, pero aquí no vamos a
perder tiempo en ello. Obviamente estas personas son muy selectivas, quiero
decir, su limitado sentido común les dice por ejemplo que esto no se debe hacer
con clientes, pero quizá con los proveedores si. ¿Actuarán igual con sus hijos?
La
escucha completa es parte esencial de las comunicaciones efectivas humanas. Las
organizaciones requieren de personas preparadas para sostener conversaciones poderosas.
Recuerden el actual y viejo paradigma, nuestra sociedad premia la respuesta y
no la pregunta; de la misma manera premia al que habla mejor que al que escucha
mejor. La calidad de la escucha refleja la calidad de la organización, y en
este tema podría estar la causa de algunos de sus males. ¿Se siente usted
escuchado? ¿Escucha usted a su gente?
Rodolfo N. Velarde
Executive & Life Coach

Grow2win Corp
Beyond Business Consulting
Coaching & Training
Sunrise , Florida .
USA .
www.grow2win.com
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